Cuando Rita Góngora (75) se enteró del homenaje a Buddy Richard en Graneros, donde la municipalidad pretende construir el primer paseo peatonal de la ciudad para bautizarlo con su nombre, quien fuera su esposa durante 15 años decidió contar por primera vez su historia de maltrato junto al compositor.

La pareja se conoció en 1970 en un programa de televisión, y después de cuatro meses de pololeo contrajeron matrimonio. Rita, de 24 años en ese entonces, profesora de Inglés titulada de la Universidad de Santiago, ya era una laureada cantante de jazz, que incluso alguna vez fue descrita como la “Billie Holiday chilena”.

“En ese tiempo yo ya estaba recibida y ejercía en el colegio Saint George, era profesora ahí. Después que contraje matrimonio, al año nos fuimos a vivir a una parcela a Peñaflor, y ahí ya no trabajé. Me dediqué a cuidar a mis hijas, tuve tres. A fines de 1971 nació la primera”, cuenta a BioBioChile.

Allí, en la comuna capitalina, fue donde comenzaron los hechos de violencia, relata. “Casi sin conocernos nos casamos. Yo por mi parte era muy inmadura e ingenua, y creía todavía en el mundo color de rosa. Él es una persona de una personalidad muy fuerte. Y a pesar que yo tenía otra muy definida, él me anuló totalmente”.

Ya casados, recuerda las primeras trabas de la relación: se tuvo que alejar de su círculo de amistades, de su familia, y luego de su trabajo estable en el Saint George. “De los 30 días, él pasaba 3 a 4 en la parcela. Se iba a Santiago, según él, a trabajar, y volvía en un estado lamentable de alcohol varios días después. Ahí empezaba la agresividad, la violencia, los garabatos, los insultos, las patadas, los combos, las arrastradas de cabello. Yo estaba sola en esta parcela, al principio sólo con una hija”, dice.

En ese paisaje campestre de fondo, la jazzista recuerda uno de los episodios más sádicos de la relación: “Él es cazador también, le gusta la caza, y me perseguía con escopeta”.

“Me persiguió dos veces disparando al aire, felizmente. ¿Sabes lo que es eso? Yo corriendo por la parcela, y él disparando al aire. En otra oportunidad, él sacó un cuchillo y yo me fui al columpio de las niñitas, y ahí trataba de amedrentarme con el cuchillo. Es una persona muy perversa”, cuenta al inicio de una larga lista de vejaciones físicas y psicológicas que nunca cesaron.

“Otra vez se paró en mis pies, y se balanceaba para hacerme daño. Yo soy operada de la tiroides, estuve en la clínica, y después que me dieron el alta, cuando llegamos a la casa algo le pareció mal y me tiró desde la cocina, que estaba unos 6 escalones más arriba, hacia abajo, con el parche aún en la garganta. Felizmente no se me abrió la herida”, dice, con la voz quebrada.

En otra oportunidad, recuerda, la golpiza fue tal que el mismo cantante tuvo que llevarla a la Clínica Indisa: “Me fracturó la cara, y le dijo al doctor que me lo había hecho con una raqueta de tenis. El doctor miró y no dijo nada”, dijo.

Aquellas no fueron las únicas demostraciones de violencia: los insultos y las agresiones fueron aumentando a medida que avanzó el matrimonio. “Él incendiaba mi ropa… Es una persona perversa, yo creo que tiene un problema psicológico, de una perversidad que yo no he conocido nada igual”, reconoce.

“Yo en la noche (cuando llegaba) esperaba que amaneciera, con los pies empantanados cerca de un árbol, o que se durmiera este ser. Y de madrugada salía arrancando, con una niñita, luego con dos, después con tres, a casas de suegros, de un primo de él, de mis amistades, de mi comadre, etc. Estuve fuera de mi casa, expulsada por él, al menos unas 30 veces. Después averiguaba dónde estaba y me rogaba, me prometía, se ponía a llorar cínicamente y yo le creía. Aún lo amaba, pero después de ese maltrato físico y psíquico, se fue muriendo el amor”, dice.

Última vez

Tras más de una década en Peñaflor, el matrimonio migró a Santiago con un largo historial de maltrato a cuestas. “Esa casa siempre me la sacaba en cara: de que era trabajo de él, no mío, porque según él, las mujeres son como muebles, sirven para servir a los hombres, para tener hijos”, señala la actual Coordinadora de Practicantes de la carrera de Inglés en la Usach.

Ya instalada en su nueva esa residencia, un día Rita decidió romper el círculo de violencia: “Me prometí a mí misma que la próxima vez que me echara de la casa, me iba a ir para siempre, sola, sin mis hijas, porque siempre llegaba con las niñitas a casas de conocidos y familiares y era un problema”.

Lo resume así: “Siempre pensé que podía enderezar a esta oveja descarriada, pero después me di cuenta que no, que me tenía que salvar yo para después salvar a mis hijas del maltrato físico y psíquico”.

Un 6 de marzo de 1986, la cantante se fue de la casa sin sus hijas, por impedimento de Ricardo Toro (nombre real de Buddy Richard). “Después les lavó la cabeza a las niñitas, siempre en contra mía, por supuesto”, recuerda.

Liberada en parte de la tortuosa relación, Rita no perdió contacto con sus hijas. En una de sus visitas, la artista recuerda la que fue una de las golpizas más profusas. “Fui a buscarlas con el permiso de él para sacarlas un ratito a dar una vuelta. Y él abrió la puerta, empuñó su mano y me pegó tal golpe en el oído derecho que quede ahí aturdida. Pude caminar, fui a Carabineros y me mandaron a constatar lesiones”.

Góngora lo hizo, y hasta el día de hoy conserva los documentos del Servicio de Salud Metropolitano Oriente. El diagnóstico fue claro: traumatismo encefalocraneano (TEC). “Tengo una audición que no es 100%, a causa de estos golpes. Tengo una cicatriz en mi párpado izquierdo, pero lo que más me duelen son las cicatrices del alma. Esas no se borran, es imposible”, dice.

Rita denunció al menos ocho veces las agresiones de Ricardo Toro en Carabineros, sobre todo en sus días en Peñaflor. “Yo llegaba a hacer la denuncia y Carabineros me preguntaba por mis testigos; a lo menos tres, me decían. No se podía dejar la constancia”, recuerda. A veces, cuando volvía a la comisaría después de algunos meses, la denuncia anterior ya estaba prescrita.

“Era como un secuestro”
La vedette y comediante argentina Beatriz Alegret fue pareja de Buddy Richard durante dos años y asegura que también fue víctima de violencia. “Apoyo todo lo que dice Rita, porque yo sufrí lo mismo que ella”, comenta a BioBioChile la actual pareja del “Compadre Moncho”.

La relación comenzó en 1984 y terminó con la huida de Alegret a espaldas del compositor. “Me fui del país y volví después de tres años. Pero por todo lo que sufrí yo, sé que Rita sufrió mucho más”, asegura.

“Él es un golpeador, un maltratador. Y si tú ibas en esos momentos a denunciar a la policía, ellos no hacían nada. Actualmente, el mundo es machista”, agrega.

La artista aprovechó un viaje de Toro a Australia para escapar a sus espaldas. Para conseguirlo, vendió sus pertenencias a precios irrisorios. Ya en Argentina, donde permaneció tres años, Alegret tuvo que someterse a terapias psicológicas y psiquiátricas.

“Después de 3 años me atreví a venir, después de muchos exámenes psicológicos, de psiquiatras, de muchas terapias. Me liberé, por eso nunca más hablé mal de él. Los médicos hicieron mucho por mí”, agradece.

Consultada por cómo fue su relación con Toro, describe: “Era como un secuestro en el país. Estar al lado de Buddy Richard es estar al lado de un golpeador, maltratador. Me encontré con Rita antes de irme del país. Esa vez, ella me dijo: dejé de sufrir esos dos años que estuviste con él’. Y vi cosas horrendas”.

A su juicio, la historia de maltrato del autor, uno de los más importantes de la música popular chilena en los últimos 60 años, es sabido en ciertos círculos. “Ya basta que los hombres mutilen y maltraten a las mujeres; los hombres manipuladores, psicópatas. Hay muchas cosas que hay que aguantar, pero ya basta”.

Mala Memoria

Más de 10 años después de aquel primer alejamiento, Rita Góngora pudo divorciarse formalmente de Toro. “Ahí terminó toda relación. Yo quise hacer un ‘divorcio por culpa’, donde uno expone todos los motivos, casi siempre vergonzosos como estos, y después lo pensé bien y dije: ¿y si encuentro un juez o jueza admiradora de él y no me cree? Por eso he sido una dama y me he quedado callada, por la incredulidad de la mayoría de los chilenos, porque ellos tienen mala memoria”.

La última afirmación no es antojadiza, y lo grafica un artículo del diario La Tercera de aquel 1986, donde se informa del TEC de Rita gatillado por las agresiones de su marido. En la misma nota, se recalca que aquella “no es la primera vez que la artista llega a la posta por agresiones similares”.

“Me imagino que después de esta entrevista van a decir, ahora viene a hablar. Lo hice en ese momento, pero las leyes no eran las de hoy, que no son las mejores tampoco, pero sí son un avance”, reflexiona.

En febrero de 2020, la exministra del Trabajo Alejandra Krauss compartió vía Twitter una saga de afiches que aparecieron en los muros del Centro Cultural Gabriela Mistral, donde se hacía alusión a una de las canciones más populares de Buddy Richard con una imagen suya.

“Lo acabo de ver. Buddy Richard, tan conocido por tantos de nosotros golpeaba a su mujer, la Gran Rita Góngora. No más impunidad. Que la violencia se convierta definitivamente en algo tan inaceptable que todos estemos dispuestos a denunciarla”, escribió al lado de la fotografía.

Para Góngora, la idea del alcalde Claudio Segovia sobre el “Paseo Buddy Richard” fue la gota que colmó el vaso.

“Él ha recibido hartos aplausos, homenajes, pero ponerle su nombre a una calle que va a perdurar por siempre, a un golpeador de mujeres, lo encuentro un poco exagerado”, dice.

“He sido una dama, me he quedado callada, estoy tranquila, pero esto… Para ponerle el nombre a una calle, tienes que tener un desempeño humano bueno, intachable, solidario, maravilloso, un ser íntegro. Y este individuo no posee estas cualidades”, agrega.

Para la intérprete, una de las voces femeninas de culto de la música chilena, esto no se trata de la obra de Buddy Richard o de su calidad artística.

“Él es un hombre de una mentalidad perversa, como ser humano, no como un ser involucrado con el arte. No me meto en su carrera artística. Es alguien que no conoce la solidaridad, el respeto, compasión, nada, tiene un desprecio único por la mujer, no me preguntes por qué”, asegura.

“No espero nada con mi relato, sólo que se sepa la verdad. Sé que voy a recibir el repudio de la mitad de Chile. No me importa. Y también quiero que no se lleve a cabo ese proyecto del paseo, ojalá. Posiblemente tampoco me lo van a conceder, pero voy a morir tranquila con mi verdad”, cuenta.

MASTERFOOD TALCA

Negocio familiar de comida al paso, Pizzería y Pastelería.
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